

Pos eso...de cervezas...éstas de Praga
Aquello que me llama la atención día a día, aunque no sea importante, pero que sí es impactante

Por razones que no hacen al caso y que me resultan largas y complejas de explicar me he pasado una parte, si bien mínima, de la tarde frente al televisor. He descubierto muy inesperadamente que ya está aquí, que ya llegó, la verdad es que cada año empieza antes, la invasión de anuncios publicitarios de cara a la Navidad.
Hemos convertido una de las épocas más íntimas y bonitas del año, en un mero escaparate de nuestra ruindad, reduciendo la magia del veinticinco de diciembre a un vulgar mercadeo consumista. Parece, si uno se deja llevar por la publicidad cuyo último fin es manejar nuestra mente y nuestra voluntad, no lo olvidemos, que no hay Navidad si no hay un excesivo consumo de bienes, a la vez que un claro desprecio del respeto por uno mismo y por lo que la Navidad significa, o al menos significó en una parte ya pasada de nuestras vidas. Creemos ser felices en la medida en que nos gastamos la pela con exagerada generosidad. Hemos transformado lo que un día fue celebración íntima y familiar de un acontecimiento religioso en una impúdica y ofensiva exhibición de dinero y de poder adquisitivo. De forma que si uno no le regala a la persona amada media docena de diversos y variopintos frascos de perfume parece que o no la quiere suficientemente o uno es un bicho raro, que también puede ser.
Imagino que el progreso económico de un país está directamente ligado al derroche que lleven a cabo sus ciudadanos, pero de ahí a lo que en las próximas semanas está a punto de pasar en nuestra sociedad hay un abismo. Más le valdría al Gobierno, en vez de subir tanto los impuestos sobre gasolina, tabaco y alcoholes instaurar uno específico sobre cada juguete que los padres regalen a sus criaturas para tener la conciencia tranquila después de tanto abandono infantil y tanto telecangurismo.
Dado que nuestro ministro de Economía y Hacienda entiende un montón de negocios, estoy seguro que seleccionará muy requetebién la clase de juguetes cuyos impuestos le interesarán. Nada de impuestos en juguetes instructivos, amenos y cooperativos, no, de eso nada, que no daría suficiente dinero. Pero por cada muñeca que coma la rica comidita que su niña-mamá le proporcione, toma 30% de impuesto. Por cada muñeca que eructe, se tire pedos, se cague y se haga pis, ustedes me perdonarán el léxico, otro 30% más. Que todo españolito que quiera lavar su mala conciencia de padre comprando a su hija una muñequita que le sustituya durante su desaparición el resto del año pague por ello. Y si la afortunada criatura es un niño y el arrepentido padre quiere hacerse perdonar no haberle hecho ni puñetero caso los doce meses anteriores comprándole un traje del Real Madrid (el del Barcelona debería estar exento dadas las simpatías de Zapatero), que pague cara su osadía con el canon correspondiente.
Así somos, qué le vamos a hacer. Hay que gastar pela larga, quiérase o no, que no parece que haya quien se haya decidido a encabezar una rebelión contra esta sociedad que entre todos hemos perpetrado.
El lector me perdonará que vaya terminando este artículo, pero he decidido salir al hipermercado de las afueras de la ciudad, que llevan desde noviembre con un montón de luces y adornos navideños y se respira tal ambiente, tal “atmósfera” dirá el currutaco, de alegría y color, que parece que los dueños, una multinacional extranjera, quieren celebrar las próximas beatíficas fechas regalando sus existencias a los visitantes. O al menos eso parece, a juzgar por la actitud de la turbamulta que suele haber en estas ocasiones.
Ah, se me olvidaba. También salgo a comprarme esa colonia con la que me prometen una tía buena que se moja los labios con delectación, me mira fijamente a los ojos y se baja muy lentamente la cremallera de su chupa de cuero.
Como no venga con el frasco me van a oír.

La firma Seth Godin, gurú del marketing.
Dice así:
Haz algo hoy, antes de irte a casa, antes de que acabe la semana. Lanza esa idea, escribe esa anotación, publica ese anuncio, llama a ese cliente. Vete hasta el filo, ese filo que has estado rehuyendo hasta ahora… Y hazlo hoy. Sin esperar a que lo decidan el comité, o tu jefe, o el mercado. Simplemente, hazlo.